María Perles y su vuelta al mundo sin aviones

Durante más de dos años y medio, María Perles recorrió continentes, cruzó océanos y exploró rincones remotos del planeta sin tomar un solo avión. Su aventura comenzó como un respiro tras un doctorado y se convirtió en una experiencia de aprendizaje sobre la naturaleza, la historia y las conexiones humanas. Con las botas de su abuela como talismán y la improvisación como compañera, descubrió que la vida en movimiento enseña tanto sobre los lugares como sobre uno mismo. Entre miedos, descubrimientos y risas, María desafió fronteras físicas y mentales. Esta entrevista recoge sus recuerdos, aprendizajes y momentos más intensos de su viaje.

1. ¿Qué te llevó a decidir que ibas a dar la vuelta al mundo sin tomar un solo avión? ¿Fue una decisión más racional, emocional… o ambas?
Ambas: Estaba terminando un doctorado y sabía que después necesitaba desconectar, fue un año muy estresante, quería un break y tenía los recursos para ello. Siempre había querido hacer un viaje sin billete de vuelta y me acordé del libro que leí en mi adolescencia y me pareció un buen plan.

2. ¿Por qué te marcó tanto el libro La vuelta al mundo sin avión que leíste en tu adolescencia? ¿Lo releíste antes de emprender el viaje?
La idea de entender las distancias, la inmensidad del océano… Me acuerdo que en la época en la que lo leí le dije a una amiga que en algún momento de mi vida quería cruzar el océano en barco. La idea se quedó ahí, y simplemente volvió a surgir cuando tuve la oportunidad.

3. Las botas de tu abuela te acompañaron todo el trayecto. ¿Qué representan para ti y qué conexión hay entre su historia y la tuya?
Mi abuela, junto con mi madre, son probablemente las personas a las que más admiro. Ambas han estudiado biología y quizás por eso yo estudié ciencias ambientales. Mi abuela empezó a viajar con 60 años, diría que ha visitado todos los continentes y nos cuenta siempre las historias de sus viajes. No puedo explicar el orgullo de haber podido llevar las mismas botas que llevaba ella en sus viajes hace 30 años. Cada vez que mandaba fotos mi abuela se seguía sorprendiendo de que las botas siguieran enteras. Cuando llegué, fui a visitarla y las llevé de vuelta. Se han quedado en su casa y ella me ha regalado unas botas nuevas.

4. ¿Cómo organizaste los primeros pasos del viaje? ¿Tuviste una ruta más o menos clara o ibas improvisando sobre la marcha?
El principio del viaje llevó muchísima organización porque consistía en encontrar un velero para cruzar el Atlántico. Junto con una amiga estuvimos meses buscando y haciendo entrevistas. Cuando conseguimos que nos aceptaran en una tripulación que nos cuadraba en fechas y que nos había dado confianza, lo siguiente fue cómo llegar a tiempo desde Alemania hasta Tenerife sin tomar aviones. Con el barco llegamos a Brasil, y lo único que sabíamos es que queríamos ir a Patagonia. Después el resto del camino lo fui improvisando dependiendo de barcos y de amigos que vinieron a visitarme.

5. Cruzar el Atlántico en velero no es algo que se vea todos los días. ¿Cómo surgió esa oportunidad y cómo fue convivir en alta mar durante tantos días?
Todos los años por noviembre/diciembre salen bastantes barcos desde Canarias hasta el Caribe o Sudamérica aprovechando los vientos aliseos. Mi amiga lo sabía y nos pusimos a buscar por grupos de Facebook y por plataformas como Crewbay para formar parte de la tripulación de uno de ellos. La experiencia es intensa, y no es algo que le recomiende a todo el mundo. Fueron dos semanas sin ver tierra y por supuesto sin ningún tipo de conexión con el mundo (no hay cobertura o internet en mitad del mar), en los que además no duermes casi porque teníamos que turnarnos para hacer guardias. A mi la experiencia me gustó, ese silencio era lo que necesitaba en ese momento, pero ya te digo que no es para todo el mundo.

Mi abuela empezó a viajar con 60 años, diría que ha visitado todos los continentes y nos cuenta siempre las historias de sus viajes. No puedo explicar el orgullo de haber podido llevar las mismas botas que llevaba ella en sus viajes hace 30 años

6. ¿Hubo algún medio de transporte que te sacara completamente de tu zona de confort?
El caballo, jajaja. A ver, tuve varios buses de más de 30 horas que fueron terroríficos, pero en Mongolia quise ir a una zona bastante remota a la que solo se podía acceder a caballo y puf, fueron más de 4 horas ir (y al día siguiente otras tantas de vuelta) cruzando ríos, evitando ramas, sin saber controlar el caballo, empezó a nevar así que estaba helada de frío… En fin desde luego fue una experiencia…

7. ¿Qué lugar del mundo te sorprendió más y por qué?
Muchos de formas muy distintas, en cuanto a naturaleza Latinoamérica me fascinó, la Patagonia o la selva en Bolivia y Colombia. A Indonesia llegué en barco a islas que no reciben turistas y fue increíble ver las diferencias entre unas y otras. China y Mongolia son impresionantes, y por la península arábiga aprendí muchísimas cosas de historia y geopolítica.

8. En Australia trabajaste para seguir costeándote el viaje. ¿Fue la única vez o viviste más experiencias de este tipo en ruta?
Fue la única vez porque me tuve que quedar 3 meses esperando a que pasase la época de monzones para poder salir en barco, y Australia es bastante caro. He viajado con mis ahorros, intentando gastar lo menos posible usando aplicaciones como Couchsurfing para quedarme en casas de locales por ejemplo o cocinando casi siempre. Controlaba mucho mis gastos (lo tengo absolutamente todo apuntado) porque sabía que cuanto menos gastase más tiempo podría seguir viajando.

Cruzar el Atlántico fueron dos semanas sin ver tierra y por supuesto sin ningún tipo de conexión con el mundo (no hay cobertura o internet en mitad del mar), en los que además no duermes casi porque teníamos que turnarnos para hacer guardias. A mi la experiencia me gustó, ese silencio era lo que necesitaba

9. ¿Qué papel jugó tu círculo cercano durante el viaje? ¿Te sentiste acompañada incluso estando sola?
Han decidido mi ruta prácticamente. Me avisaban con meses de antelación cuándo tenían vacaciones y yo les daba una lista de países a los que podía llegar en ese tiempo, y dependiendo de lo que decidiesen y las fechas me montaba yo mi ruta.

10. ¿Cuándo sentiste más miedo o inseguridad? ¿Y qué aprendiste de ese momento?
Pues supongo que os sorprenderá la respuesta, pero a parte de algún paso fronterizo en el que me empezaron a hacer muchas preguntas, cuando más miedo he pasado fue en San Francisco, que me quedaba en el hostel más barato de la ciudad (30$ la noche, bastante más caro de mi presupuesto habitual) y estaba toda la calle llena de gente con el fentanilo. Y cuando llegué a Francia, en Marsella concretamente, me atracaron y se llevaron mi teléfono para darme una buena bienvenida a la Unión Europea. ¿Qué aprendí? Que los prejuicios que tenemos son instaurados.

11. ¿Qué aprendiste de ti misma tras más de dos años y medio en movimiento?
Que me caigo bastante bien, jajajaja. Y he aprendido lo que de verdad me motiva y me interesa y lo que no, que cuando viajas con gente es más difícil darte cuenta.

12. ¿En qué te fijabas más al viajar: en la geografía, la gente, la historia, lo cotidiano…?
A ver, he hecho un doctorado sobre estructura de bosques, así que he de decir que la naturaleza era una de las cosas que más me gustaba. La gente, por supuesto, es increíble todo lo que puedes aprender si te fijas, preguntas y escuchas. Y a mi personalmente me interesaba mucho la historia reciente de cada país, las políticas, y vas entendiendo muchas cosas de las relaciones entre países también.

En Mongolia quise ir a una zona bastante remota a la que solo se podía acceder a caballo y puf, fueron más de 4 horas ir (y al día siguiente otras tantas de vuelta) cruzando ríos, evitando ramas, sin saber controlar el caballo, empezó a nevar así que estaba helada de frío…

13. ¿Qué cosas aprendiste sobre cómo se movía la gente antes de que existiera el avión?
Me hizo mucha ilusión en Indonesia llegar a las islas de las especias que buscaban Magallanes y Elcano en su expedición hace 500 años, me fascinó recorrer de Mongolia a Turquía en trenes y buses infinitos y entender que Genghis Khan recorrió y conquistó todo ese área a caballo, o llegar de Irán a Grecia y pensar en Alejandro Magno hace más de 2000 años.

14. Ahora que has terminado esta aventura, ¿cómo te afecta volver a una rutina? ¿Sientes que algo ha cambiado para siempre?
Pues por un lado tenía muchas ganas de ver a mi gente y de dejar la mochila y tener una casa donde poder dejar todas mis cosas, es bastante agotador estar siempre en movimiento. Por otro lado, he vuelto a Alemania y ahora me tengo que enfrentar a la burocracia alemana y ya te digo que es bastante más terrorífica que cruzar cualquier océano.