‘La Lista’, el viaje de Ángel Gómez que transforma el duelo en inspiración

Tras la pérdida de su hermana Paloma en 2021, Ángel Gómez Merino decidió transformar el dolor en un motor de vida. Así nació “La Lista” (https://www.listbyangel.com/), un proyecto vital y público en el que recopila y cumple sueños que ella ya no podrá realizar. Lo que empezó como un homenaje íntimo se ha convertido en una inspiración para miles de personas que lo siguen a través de redes sociales, charlas y viajes alrededor del mundo. Con el número 510 como guía —símbolo de la fecha en la que todo cambió—, ha dejado atrás una carrera estable en un fondo de inversión para entregarse por completo a esta aventura: vivir con intención, valentía y propósito.

¿Recuerdas el momento exacto en el que decidiste crear “La Lista”?

Estaba en Barcelona trabajando en el fondo de inversión donde llevaba 5 años. Acababa de mudarme a esta ciudad pidiendo el traslado para escapar de Madrid. Tras el fallecimiento de mi hermana Paloma el 05/10/2021 necesitaba tiempo para reflexionar solo y asimilar lo que había pasado.
Me pregunté una y otra vez por todo aquello que Palo ya no podría hacer: ser madre, casarse, ir a una isla paradisíaca, etc. Y fue entonces cuando conocí el concepto bucket list (lista de cosas que hacer antes de morir). Al investigar y toparme con muchas historias de personas que habían creado sus bucket list y habían logrado perseguir los sueños que anotaron en ella, me sentí inspirado para empezar a escribir la mía como homenaje a Palo. Sería mi forma de traerla al presente y vivir por los dos.

El número 510 tiene un significado muy especial para ti. ¿Qué sientes cada vez que lo ves escrito o mencionado?

Me pregunté una y otra vez por todo aquello que Palo ya no podría hacer… y entendí que escribir mi propia lista sería mi manera de traerla al presente y vivir por los dos.

He conseguido que este número, la fecha en la que Paloma murió, se sienta menos pesada y se convierta en un símbolo de vida, no de muerte. Al verlo siento orgullo y responsabilidad, es mi guía, un número que representa el fin de la vida de mi hermana y de mi vida anterior. Aunque al mismo tiempo es el inicio de mi nueva vida, una con más valentía, sentido e intención, y una nueva relación con mi hermana.

¿Cómo fue tomar la decisión de dejar tu trabajo en un fondo de inversión para dedicarte a este proyecto?

Fue muy complicada. Siempre se habla de que en España estamos al borde de una gran crisis, quizá vivamos en ella todo el tiempo, pero nunca es un buen momento para dejar un trabajo estable y bien remunerado. Llegué a un acuerdo con mis jefes donde me aceptaron una excedencia de febrero 2024 a diciembre 2024 para perseguir mi sueño de iniciar este proyecto. Así arranqué con la seguridad de no lanzarme a la piscina sin un plan B. Al llegar diciembre los resultados en redes sociales e impacto en la gente eran muy superiores a los esperados por lo que aposté al 100% y renuncié a volver a mi empresa. Terminando así totalmente con mi relación laboral con el fondo.

¿Qué papel ha jugado tu familia en este viaje de cumplir sueños?

En todo momento he cuidado mucho la manera en la que comparto la historia y mi relación con ellos o Paloma. Quiero que disfruten tanto como yo de este proyecto y por eso lo trato con la delicadeza y el tacto que requiere.
Siempre con preocupación por el movimiento arriesgado que he tomado, me han apoyado desde el inicio. Tanto para ayudarme a grabar vídeos, como para recogerme en aeropuerto si viajaba. Siempre me han tendido la mano y han disfrutado de cada pequeña victoria en el camino.
Hoy, se sienten muy orgullosos de la gente a la que está llegando la historia y el impacto positivo que genera. Que tanta sepa de Paloma, de cómo era y de su legado, hace que se nos caiga la baba.

Inicié el viaje en Nueva Zelanda y después recorrí Australia, Indonesia, Vietnam y Mongolia. Viajar solo me cambió para siempre: descubrí que era capaz de cumplir objetivos únicamente con mi disciplina, propósito y coraje.

De todas las experiencias que has vivido, ¿cuál te ha cambiado más como persona?

Inicié en febrero 2024 el viaje yendo solo (primera vez) a la  antípoda de Madrid: Nueva Zelanda. A partir de ahí vinieron 4 meses viajando por éste, Australia, Indonesia, Vietnam y Mongolia. Fue mi primera experiencia viajando de mochilero sin amigos ni familia. Sería difícil seleccionar una sola experiencia. Cada día te despertabas en un entorno desconocidos, con calles que cruzabas por primera vez, gente que no habías visto nunca de otras culturas e idiomas a tu alrededor, maravillas naturales, culturas humildes, monumentos a héroes que inspiran y conversaciones con puntos de vista jamás contemplados hasta entonces.
Diría que fue eso, la experiencia que más me ha cambiado como persona ha sido viajar solo y ser consciente de que, solo, soy capaz de cumplir objetivos sin ayuda de nadie más que de mi disciplina, propósito y coraje. No me gusta tirarme flores, pero es que de verdad que estoy muy orgulloso de lo que estoy consiguiendo y de la persona en la que me voy a convertir. Y no es fácil, es duro. Así que qué menos que resaltarlo…

¿Cuál ha sido la más difícil de conseguir hasta ahora y por qué?

Punto 148: expedición al Kilimanjaro. El punto más alto de África. Llegué sin prepararme física o mentalmente a los pies de esta Montañana de 5895m. Fue muy duro, de verdad. 6 días caminando horas y horas todos los días. Cada día con el cansancio a acumulado del día anterior. Cada día más altura y con ello menos oxígeno. El último día fue horrible, un infierno. Unas 16h sin parar.
Curiosamente el mejor momento no fue llegar a la cima. Viene el subidón pero eso se va pronto cuando eres consciente de que todavía te faltan 16 horas de bajada hasta el siguiente campamento.
De hecho, el último tramo de la semana estaba agotado, con las piernas temblando por momentos y me dije a mi mismo: “si ahora que no puedo más, termino el recorrido al trote corriendo, me probaré a mi mismo que no habrá punto que no pueda tachar si en mi mano está lograrlo”. Y así hice, más cansado que nunca empecé a trotar con una mochila de 20kg y cada vez más calor hasta la base. El guía que me acompañaba, también cansado, ni me siguió el ritmo.
Ahora bien, el sentimiento de orgullo y de poder con todo cuando terminar y vuelves a la base 1 semana después… Me demostré a mi mismo que si había completado una prueba tan, para mí, difícil física y mentalmente, podría enfrentarme a cualquier situación.

Ese día cuando me tumbé en la cama, ya no era el mismo. Y de hecho puntos como salir en la TV, dar charlas, convivir con tribus, volar en avioneta, descubrir Mongolia a caballo, pedalear en skybike, navegar hacia la nada, y un largo etc. se me han hecho más leves ante el recuerdo de que conseguí tachar ese sueño antes.

¿Alguna experiencia te ha decepcionado o no ha sido como imaginabas?

También ha habido puntos que me han decepcionado. Es normal. En tu cabeza te creas una expectativa en base a redes sociales, libros, historias, que no siempre se cumplen.
Por ejemplo el punto 444. Ver como trabajan el incienso. Quería contactar con los locales y vivir de su mano la forma tradicional que tenían para elaborarlo y al llegar me encontré con un show donde los turistas íbamos a hacernos fotos de postureo para redes y no había interés alguno en cómo lo fabricaban.
También el punto 166. El dragón de Komodo. Después de varios días hasta llegar a Flores, Indonesia, encontré un capitán cuyo barco tenía una travesía de 3 días que paraba en Komodo para ver los dragones. Al llegar un ranger nos avisaba de lo complicado que era que entre tantas hectáreas de isla y con tan pocos dragones, tuviéramos la fortuna de encontrarnos con uno salvaje. La realidad fue que nos encontramos con un dragón mayor que a penas se movía en una zona cercana al poblado. Revisando vídeos de redes sociales me di cuenta que siempre era el mismo dragón. Probablemente lo tuvieran allí para asegurarse de que los turistas se fueran siempre viendo uno. Me fui con bastante mal sabor de boca de ese punto.

La expedición al Kilimanjaro fue durísima: seis días de caminata, cansancio extremo y falta de oxígeno. Pero al llegar a la base me demostré que, si pude superar aquello, puedo enfrentarme a cualquier situación.

En África viviste con una tribu masai y participaste en un ritual muy especial. ¿Qué aprendiste de esa convivencia?

Lo mejor fue que esos 3 días no fueron una experiencia turística, yo realmente era un invitado para ellos. Compartieron conmigo su día a día, sin shows, solo su realidad diaria. Mataron una cabra la primera noche que en tan solo unos minutos ya estaba hecha brochetas en el fuego. Desayunábamos la leche recién ordeñada de sus vacas. Pastoreábamos al ganado.

A día de hoy sigo sin entender bien el ritual al que fui. Nos comunicábamos por gestos y con las pocas palabras de swahili y maa’ que había anotado en mi libreta. Hubo uno al que asistí donde todos los masáis del área también estaban. Era el rirtual de paso de niña a mujer. Bailaban y ya se daban los primeros encuentros para cuadrar quién sería tu futuro marido. Una mezcla curiosa entre sus tradiciones con influencia cristiana.
En cuanto a mí, los miembros de la familia que me habían acogido me reunieron el último día y honraron con una shuka (manta) masai. También una de las señoras más mayores de la tribu me hizo una pulsera artesanal que me ató a la muñeca. Entiendo que me aceptaban como parte de su familia. Esa fue mi sensación. Incluso me regalaron un gallo antes de montarme en el coche y marcharme. Mi primer instinto fue acariciarlo y me llevé un buen picotazo. Ellos claro, se rieron para variar.

Aprendí que la barrera del idioma y de la cultura existe y frena muchas interacciones. Pero que si ambas partes están ponen de su parte y muestran interés sincero en aprender de la otra, el ser humano tiene unos valores intrínsecos que nos permiten sobrepasar esas barreras y convivir.

Entre saltar en paracaídas y convivir con animales salvajes, ¿hay algo que te haya dado auténtico miedo?

Soy bastante miedoso, aunque intento que no se note. Finjo que no lo soy a ver si al actuar como alguien valiente, yo mismo me creo que lo soy. Y la verdad es que em funciona muy bien. Incluso cuando salté por primera vez en paracaídas en Airlie Beach, Australia, le dije al instructor que era mi tercera vez. Así no me trataba como novato y yo me metía en el papel de alguien pro, no un turista miedoso que se había calentado para vivir esta experiencia.
Cuando más miedo he pasado ha sido en situaciones donde me encontraba solo en un entorno desconocido como caminando por la República Democrática del Congo. Crucé caminando desde Ruanda y el entorno en general me daba una energía rara. La situación en el país esta tensa, en guerra mejor dicho, y yo era el único blanco caminando por ahí. Sabes que en esos lugares la vida no vale lo mismo que en España y tu instinto te lo recuerda a través del miedo.

Convivir con una tribu masai me enseñó que, aunque existan barreras culturales y de idioma, si hay interés sincero, siempre se puede convivir y aprender del otro.

¿Cómo organizas la ejecución de la lista? ¿Es algo planificado o dejas espacio para la improvisación?

Depende del punto. Hay experiencias que requieren una logística seria: permisos, billetes, preparación física, vacunas, equipo… Ahí no hay improvisación posible. Pero también hay puntos que surgen de golpe. Estar en un sitio y descubrir que a 40 km puedo tachar algo me encanta. Creo que el equilibrio está en planificar lo justo para que no se me caiga la idea y dejar hueco para la sorpresa. Al final, si la vida me enseñó algo, es que los planes rígidos son insostenibles. Hay que ser flexibles.

¿Tienes algún sistema para financiar todas estas experiencias?

En un principio tiré de mis ahorros (20 mil euros). Pero no es sostenible vivir así, así que desde el principio supe que tenía que convertir el proyecto en algo que también generara ingresos: charlas, colaboraciones, contenido patrocinado alineado con mis valores, programas de afiliados, trabajos como freelance… Lo curioso es que cuanto más auténtico y transparente soy, más marcas y oportunidades llegan. Supongo que a la gente le gusta ver que no hay trampa ni cartón detrás. Cada vez más consigo que el proyecto sea sostenible financieramente.

¿Qué papel juegan las redes sociales y tu web en el avance del proyecto?

Fundamental. Son mi altavoz y mi diario público. Ahí cuento cada experiencia, con lo bueno y con lo malo, para que la gente viva conmigo el proceso. Las redes me permiten conectar con personas que no me conocen de nada pero que se ven reflejadas en lo que cuento. Es mi medio para lanzar mensajes que importan, aportar valor y compartir mis propios aprendizajes y evolución. Me obligan a compartir contenido y eso es una forma de guardar recuerdos del proceso que en unos años valoraré muchísimo.

No hay que esperar a que pase algo terrible para empezar a vivir con intención. Todos tenemos una lista, aunque no la hayamos encontrado todavía.

¿Qué mensaje quieres transmitir a quienes siguen tu proyecto?

Que no hay que esperar a que pase algo terrible para empezar a vivir con intención. Que todos tenemos una lista, un propósito, aunque no la hayamos encontrado aún. Y que, al final, cumplir sueños no es solo viajar o hacer cosas grandes: es decidir cada día que tu tiempo vale. Si lo entiendes así, da igual si tachar un punto te lleva 10 minutos o 10 años. Lo importante es no dejarlo para “cuando haya tiempo”, porque ese día igual no llega.

¿Qué importancia le das a los pequeños gestos frente a las grandes aventuras?

Mucha. No todo en La Lista es subir montañas o cruzar océanos. Hay puntos que son tan sencillos como preparar una cena para alguien especial o leer un libro delante de una chimenea. La grandeza de un gesto no está en su escala, sino en cómo te hace sentir. Y a veces, los momentos más simples son los que más recuerdas.

¿Has inspirado a otras personas a crear su propia lista de sueños?

Sí, y es de las cosas que más me emocionan. Me escriben personas que han empezado su lista, a veces con 5 puntos, a veces con 200. Da igual. Lo bonito es que cada lista es distinta, porque sale del corazón de cada uno. No es copiar la mía, es mirarse por dentro y atreverse a escribir lo que de verdad quieres. Y cuando alguien me dice “gracias a ti he empezado”, siento que todo este esfuerzo tiene sentido.

¿Cómo gestionas el contraste emocional entre momentos tan intensos y el regreso a la rutina?

Es un cambio fuerte. Pasas de vivir experiencias que te ponen el corazón a mil a volver a casa, a tareas cotidianas y rutina. Antes me daba un bajón enorme. Más bien necesitaba aventura, estaba inquieto. Ahora lo veo como parte del ciclo: esos espacios me permiten asimilar lo vivido, contarlo y prepararme para lo siguiente. Si viviera siempre en intensidad máxima, creo que perdería la capacidad de asombro. Y ya me ha pasado.

¿Hay algún sueño de la lista que consideres casi imposible pero que no estás dispuesto a borrar?

Sí. Hay varios que son un reto casi absurdo por logística, riesgo o dinero. Pero no me planteo borrarlos. Creo que son los que mantienen viva la sensación de estar persiguiendo algo grande, algo que me sobrepasa. Si todo fuera fácil, perdería parte de la gracia. Prefiero tener un par de “misiones imposibles” en la recámara, aunque tarde décadas en tacharlas. Además, ya no veo nada imposible, de verdad que cada punto lo veo realista después de ver algunos de los sueños que ya he cumplido.

Si pudieras cumplir mañana mismo cualquiera de tus sueños pendientes, ¿cuál elegirías?

El que venga. Literal que todos me hacen la misma ilusión. Son muy distintos y entre ellos no hay niveles de cuál me apetece más o menos. Son como hijos, no podría elegir. Me haría la misma ilusión aprender a hacer mermelada casera que fotografiar un oso polar en Rusia.

¿Qué harás cuando completes todas tus metas? ¿Harás otra lista?

No sé si voy a llegar a ver La Lista entera tachada, y me gusta que sea así. Hay puntos que requieren de tiempo, como contar historias de La Lista a mis nietos. La gracia no está en acabarla, sino en que siempre haya algo más. En tener una guía, una excusa, para seguir creciendo día a día. Pero si algún día la termino, ya habré cumplido mi propósito. No me sentiré vacío. Simplemente, me llenará de orgullo haber tenido la suerte de llegar hasta ahí.

Si Paloma pudiera acompañarte físicamente en una sola de estas aventuras, ¿cuál crees que habría elegido ella?

Creo que habría elegido ver amanecer y atardecer en el mismo día (era una fanática de la Golden hour y sus correspondientes sesiones de fotos), dormir en bungalow flotante en Maldivas, ver las luces de la aurora boreal, ser padre/madre, crear una familia, crear un negocio exitoso, etc. Hay muchos puntos que estoy seguro que hubiera compartido con ello. No teníamos la misma personalidad, pero si muchos gustos comunes. Si dependiera de mi elegir solo una, se hubiera venido conmigo a hacernos un shooting profesional, sé que le hubiera encantado el plan y lo podríamos hacer un día cualquiera.

Para ayudarnos a configurar nuestra propia lista, ¿podrías recomendarnos tu mejor experiencia en:
  - MAR: Navegar hacia la nada desde Tenerife hasta Mallorca en velero.
  - GASTRO: Aprendí a preparar ceviche de la mano de uno de los mejores chefs
  - MONTAÑA / NATURALEZA: Recorrer el norte de Mongolia a caballo.
  - CULTURA: El castillo de Lord Byron (Chillon) en Suiza.