Es el templo de Sri Lanka más reconocido. Una escalera entre árboles y roca conduce hasta uno de los grandes santuarios budistas de Sri Lanka. En el interior de las cuevas de Dambulla, las paredes y los techos están cubiertos de pinturas mientras cientos de imágenes de Buda ocupan los antiguos santuarios.
El Rangiri Dambulla Cave Temple se encuentra en el centro de Sri Lanka, dentro del conocido Triángulo Cultural. Para llegar hasta él hay que ascender por la ladera de una gran formación rocosa. La subida no es especialmente complicada, aunque el calor puede hacerse notar, especialmente durante las horas centrales del día.
Arriba, cinco cuevas forman el corazón del templo. El espacio cambia por completo respecto al exterior: la luz se vuelve tenue, la temperatura más agradable y la roca aparece cubierta de esculturas, estupas y pinturas.
Más de 2.000 años de historia en este templo de Sri Lanka
Dambulla comenzó a utilizarse como lugar de culto hace más de dos milenios. Según la tradición, el rey Valagamba encontró refugio en estas cuevas durante su exilio en el siglo I a.C. Tras recuperar el trono, habría convertido el lugar en un santuario.
Los distintos reyes que gobernaron Sri Lanka fueron ampliando y decorando el complejo a lo largo de los siglos. Buena parte de las pinturas y esculturas que se conservan actualmente corresponden al periodo de Kandy, especialmente a los siglos XVII y XVIII.
El resultado es un templo que permite recorrer diferentes etapas del arte budista de la isla y que, además, continúa siendo un lugar de culto activo.
El arte está en todas partes
La segunda cueva, la más grande del conjunto, concentra buena parte de las imágenes y pinturas que han hecho famoso a Dambulla. Entre ellas destaca un enorme Buda reclinado, junto a numerosas esculturas de Buda, divinidades y figuras vinculadas a la historia del budismo.
Pero conviene mirar hacia arriba. Los techos están completamente decorados con escenas de la vida de Buda y relatos Jataka, que narran episodios de sus vidas anteriores. En total, las pinturas cubren unos 2.100 metros cuadrados del complejo, una superficie que ayuda a comprender la dimensión artística del lugar.
Dambulla se visita mejor sin demasiada prisa. La penumbra de las cuevas hace que los detalles aparezcan poco a poco y siempre queda alguna figura o escena por descubrir.
Cómo visitar Dambulla
Calcula entre una hora y media y dos horas para visitar el templo con tranquilidad, además del tiempo necesario para subir hasta las cuevas. La mejor opción es ir a primera hora de la mañana o por la tarde, evitando el calor del mediodía. Recuerda que se trata de un lugar sagrado: hay que cubrir hombros y rodillas y descalzarse antes de entrar en las cuevas. Llevar unos calcetines puede ser buena idea si la piedra está caliente.
También es habitual encontrar macacos alrededor del recinto. Aunque estén acostumbrados a la presencia de visitantes, es mejor no alimentarlos ni acercarse demasiado.
Una parada imprescindible en la ruta por Sri Lanka
Dambulla queda a poca distancia de Sigiriya, por lo que ambos lugares suelen formar parte de la misma ruta. La combinación permite descubrir dos caras muy diferentes del patrimonio de Sri Lanka: la antigua fortaleza sobre la Roca del León y, apenas unos kilómetros después, un templo excavado en la montaña que lleva más de dos mil años ligado al budismo.
Para muchos viajeros, Dambulla es una parada de unas pocas horas. Pero es precisamente dentro de esas cuevas, lejos del sol y del ruido del exterior, donde se entiende la importancia que este lugar sigue teniendo para Sri Lanka.


