En la costa sur de Formentera, donde el mar acaricia suavemente la orilla y la isla muestra su lado más tranquilo, se encuentra Sa Platgeta. No es solo un restaurante, es una parada obligatoria para quienes buscan entender la isla a través de su sabor más icónico: el bogavante al ajillo.
Hay lugares que parecen sacados de una postal, donde el tiempo se detiene y todo lo que importa es el sonido del mar, la brisa salada y un buen plato frente a ti. Sa Platgeta, en Formentera, es uno de esos sitios. No es un restaurante de manteles largos ni un espacio de lujo; es una terraza sencilla, casi sobre la arena, a la sombra de los pinos, con mesas de madera y vistas que te roban el aliento, donde el Mediterráneo se convierte en el mejor acompañamiento para cada bocado.
Llegar hasta aquí ya es un regalo: el camino serpentea entre pinares y, de pronto, aparece el azul intenso del mar junto a esta joya escondida. El ambiente es relajado, con un toque bohemio propio de la isla.
Servido en una gran cazuela, llega troceado, acompañado de patatas doradas y huevos fritos de yema brillante. Es un plato para compartir, para mojar pan y dejarse llevar por la mezcla de sabores que lo convierten en una experiencia única: la suavidad del bogavante, el toque del ajo y la calidez de las patatas, todo en perfecta armonía.
Y cuando crees que el festín no puede ir más allá, llega la sorpresa: si aún te queda un rincón de hambre —o simplemente decides hacerle hueco—, pide los spaghetti que se sirven después, aprovechando el aceite sobrante de la cazuela. Es un plato sencillo, pero cargado de ese sabor profundo que te recuerda que aquí el mar es protagonista en cada detalle.
El entorno lo eleva todo. No hay prisa en Sa Platgeta; cada comida es una invitación a bajar el ritmo y dejarse llevar por el espíritu pausado de Formentera.


